agosto 9, 2026

Mohamed VI pide «estabilidad» mientras miles de marroquíes se lanzan al mar hacia Ceuta

El rey Mohamed VI de Marruecos

El rey Mohamed VI de Marruecos, durante la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (Marrakech, 2016). Foto: UN Climate Change (CC-BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

Mohamed VI apeló anteanoche a la «estabilidad» como «fuerza estratégica» de Marruecos, en el mensaje que dirige a la nación cada año en la víspera del aniversario de su llegada al trono —27 ya— y que se conmemora hoy con actos oficiales. «Al repasar el camino que hemos recorrido juntos, siento orgullo por los logros alcanzados», afirmó, en un discurso en el que dijo no haber buscado nunca «gloria» ni «liderazgo internacional», sino «servir al pueblo» y «garantizar que todos los ciudadanos vivan con dignidad». Como es tradición en las festividades oficiales, el rey indultó a 1.788 condenados, entre ellos uno con pena de muerte —en moratoria desde hace décadas— y otro a cadena perpetua.

El discurso llegó leído en tono monocorde, con voz ronca y débil; el príncipe heredero, Mulay Hasán, tuvo que ayudar a su padre a incorporarse cuando sonó el himno al final de la intervención. Es un rey que en los últimos tiempos ha reducido su presencia pública —de los cuatro discursos anuales que pronunciaba tradicionalmente, este año solo dará dos— y que ha suspendido incluso el discurso de la Marcha Verde, tras el reconocimiento del Consejo de Seguridad de la ONU al plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. A dos meses de las elecciones legislativas del 23 de septiembre, con Aziz Ajanuch fuera de la carrera para repetir al frente del Gobierno, la prensa marroquí sitúa a Fouzi Lekjaa —ministro de Presupuestos y presidente de la federación de fútbol— como el candidato mejor colocado para dirigir el Ejecutivo que organizará el Mundial de 2030.

Mientras el rey hablaba de dignidad y estabilidad, en el Estrecho se vivía otra cosa. Según ha confirmado el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, en declaraciones recogidas por El Independiente, más de 1.500 personas han entrado a nado en la ciudad en poco más de una quincena de julio, una media de 200 diarias. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con capacidad para 512 personas, lleva días triplicado. En uno de los últimos intentos, cerca de 500 personas —familias enteras, muchos menores— se lanzaron al agua a la vez; la Marina marroquí rescató en el mar a unas 300, mientras el resto llegaba a nado o era auxiliado ya en territorio español, tras nadar durante tres o cuatro horas sin descanso. El sistema de protección de menores de la ciudad, según la Delegación del Gobierno, está colapsado.

El origen inmediato de la avalancha, según las autoridades locales, es jurídico: una sentencia del Tribunal Supremo hecha pública el 8 de julio que impide aplicar las devoluciones en caliente a quienes son interceptados en alta mar cuando intentan entrar a nado en Ceuta y Melilla. La noticia corrió, y con ella la conclusión práctica de que, esta vez, nadar hasta la orilla podía valer la pena.

Conviene no simplificar lo que se ve en esas imágenes de nadadores agotados llegando al espigón del Tarajal: no es un ejército, son sobre todo chavales, algunos niños, dispuestos a jugarse la vida en el agua durante horas por una oportunidad que su país no les da. Y ahí sí cabe preguntarse qué tiene que decir un rey que gobierna Marruecos desde hace 27 años, que aparece en las listas de las grandes fortunas de la realeza mundial, con palacios y propiedades repartidos entre Rabat, París y la Riviera francesa, sobre la «dignidad» que sus súbditos más jóvenes no encuentran en su propio país y por la que arriesgan ahogarse frente a Ceuta. La estabilidad como «fuerza estratégica» suena distinta cuando se pronuncia desde el trono que cuando se nada durante cuatro horas sin parar.

Tampoco es la primera vez que a Rabat le conviene mirar hacia otro lado en la frontera: en mayo de 2021, cuando España acogió por motivos humanitarios al líder del Frente Polisario, Marruecos relajó deliberadamente los controles fronterizos y dejó pasar a más de seis mil personas hacia Ceuta en menos de dos días, como represalia diplomática. Esta vez, según lo que se sabe hasta ahora, la Marina marroquí está rescatando e interceptando nadadores, no facilitándoles el paso —y esa diferencia importa, y no se puede acusar de lo mismo dos episodios que no son iguales—. Pero después de 2021, a nadie en España le sobran motivos para descartar por completo que la frontera con Marruecos, tarde o temprano, vuelva a abrirse o cerrarse según convenga en Rabat, y no según lo que decida Madrid.

Redacción. A 30 de julio de 2026.

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