Sortu, EH Bildu y la normalización política del terrorismo
Aguantar a cualquier precio: el PSOE se apoya en Bildu y normaliza a Sortu/ETA
La preparación del congreso de Sortu para renovar su liderazgo se presenta públicamente como un ejercicio de normalidad democrática. Sin embargo, el proceso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo que sigue sin resolverse: la ausencia de una ruptura política, ética y simbólica clara con el pasado de ETA por parte del núcleo dirigente de la izquierda abertzale integrada hoy en EH Bildu.
La salida de Arnaldo Otegi de la coordinación general no supone, según las informaciones disponibles, un giro ideológico ni una revisión crítica del recorrido histórico del partido, sino una sucesión ordenada para preservar el control interno y la continuidad estratégica.

Un relevo diseñado para evitar el debate interno
Sortu afronta su congreso sin oposición interna relevante. Este dato, lejos de interpretarse como una muestra de cohesión saludable, refuerza la idea de una estructura fuertemente jerarquizada, donde las decisiones estratégicas se toman desde arriba y el debate ideológico queda limitado.
La ausencia de corrientes críticas visibles contrasta con la trascendencia del momento político. No se discute públicamente el papel de Sortu como heredero directo del entramado político que durante décadas justificó la violencia de ETA, ni se plantean cambios sustanciales en el relato oficial del pasado.
El relevo de Otegi se plantea más como un ajuste táctico que como una oportunidad para revisar responsabilidades políticas o asumir errores históricos. La dirección mantiene intacto el marco discursivo que ha acompañado a la izquierda abertzale desde el final de la violencia armada.
Arnaldo Otegi y la continuidad del liderazgo simbólico
Aunque Otegi abandone formalmente la coordinación general, su figura sigue siendo central en el imaginario político de Sortu y EH Bildu. Su trayectoria, marcada por condenas relacionadas con ETA y por un papel protagonista en la reconfiguración de la izquierda abertzale, representa precisamente esa continuidad sin ruptura.
Lejos de una autocrítica profunda, el liderazgo de Otegi ha apostado por una reinterpretación del pasado en clave de conflicto político, diluyendo la responsabilidad específica del terrorismo y evitando una condena explícita y reiterada de la violencia ejercida durante décadas.
El congreso de Sortu no plantea revisar ese legado, sino administrarlo de forma que no interfiera en la estrategia institucional actual.
EH Bildu y su papel clave en la gobernabilidad del Estado
El contexto en el que se produce esta reorganización interna es especialmente relevante. EH Bildu se ha convertido en un actor decisivo en el Congreso de los Diputados, apoyando iniciativas legislativas del Gobierno y consolidando su influencia en la política estatal.
Esta situación ha generado una fuerte controversia. La normalización institucional de EH Bildu se produce sin que se haya producido una asunción clara de responsabilidades políticas por el pasado violento del entorno del que procede Sortu.
La presencia de EH Bildu en la gobernabilidad del Estado se apoya en una lógica parlamentaria, pero plantea un debate de fondo sobre los límites de esa normalización cuando persisten gestos, discursos y hechos que mantienen vivo el vínculo simbólico con ETA.
Los homenajes a ETA como síntoma persistente
Uno de los elementos más controvertidos sigue siendo la celebración de homenajes a antiguos miembros de ETA. Los datos recogidos indican que, desde la disolución de la organización terrorista, se han producido alrededor de 2.700 actos de este tipo, muchos de ellos en espacios públicos.
Estos homenajes no son episodios aislados ni marginales. Constituyen una práctica recurrente en determinados entornos sociales vinculados a la izquierda abertzale, y se mantienen pese a las reiteradas críticas de asociaciones de víctimas y a la intervención ocasional de las autoridades.
El hecho de que en 2024 se hayan contabilizado más de 300 actos pone de manifiesto que el problema no ha desaparecido, sino que se ha normalizado dentro de ciertos márgenes sociales y políticos.
El impacto sobre las víctimas del terrorismo
Para las víctimas de ETA, estos homenajes suponen una forma de revictimización. No se trata únicamente de actos simbólicos, sino de mensajes políticos que refuerzan la idea de que el pasado terrorista no ha sido plenamente deslegitimado.
Las asociaciones de víctimas llevan años denunciando que la izquierda abertzale no ha hecho un esfuerzo real por frenar estos actos ni por desautorizar públicamente a quienes los organizan. El silencio o la ambigüedad de partidos como Sortu refuerzan esa percepción.
Este contexto dificulta cualquier proceso real de convivencia basado en la memoria, la justicia y la reparación.
La respuesta institucional: limitada y desigual
Las actuaciones de la Fiscalía y de las delegaciones del Gobierno han sido puntuales y, en muchos casos, insuficientes. La complejidad legal para delimitar el enaltecimiento del terrorismo ha permitido que numerosos homenajes se celebren sin consecuencias jurídicas.
Esta falta de una respuesta firme y coherente contribuye a la normalización del fenómeno. La ausencia de condenas claras por parte de los partidos del entorno de EH Bildu agrava aún más la situación.
El debate se desplaza así del terreno judicial al político y moral, donde la responsabilidad de Sortu y de EH Bildu resulta ineludible.
El relato político como campo de batalla
Uno de los principales problemas sigue siendo la construcción del relato. Sortu defiende una narrativa en la que el foco se sitúa en el conflicto político y en la superación de la violencia, evitando una condena directa del terrorismo como proyecto injustificable.
Esta estrategia permite mantener cohesionada a su base social, pero tiene un coste evidente en términos de credibilidad democrática. La falta de una ruptura explícita con ETA impide cerrar definitivamente una etapa que sigue proyectándose sobre el presente político.
El congreso de Sortu no aborda esta cuestión de fondo, limitándose a reorganizar liderazgos sin cuestionar el marco ideológico heredado.
Normalización política sin revisión moral
La integración de Sortu y EH Bildu en las instituciones ha avanzado más rápido que la revisión moral de su pasado. Este desequilibrio explica gran parte de la tensión política actual.
La ausencia de una autocrítica clara contrasta con las exigencias de memoria democrática aplicadas a otros contextos históricos. Mientras se reclama una revisión constante del pasado, en el caso de la izquierda abertzale se ha impuesto una lógica de paso del tiempo sin responsabilidades explícitas.
Esta situación alimenta la polarización política y dificulta un consenso social amplio sobre cómo cerrar definitivamente la etapa del terrorismo.
Un problema que sigue abierto
El relevo en la dirección de Sortu no resuelve las cuestiones de fondo que siguen pesando sobre la izquierda abertzale. La persistencia de homenajes a ETA, la ambigüedad discursiva y la ausencia de una condena inequívoca mantienen abierto un debate que trasciende lo partidista.
La normalización política de EH Bildu avanza en paralelo a una falta de claridad sobre su relación con el pasado violento del que procede Sortu. Esta contradicción sigue siendo uno de los principales puntos de fricción en la política española actual.